Premio y castigo

Una de las preocupaciones de los/as entrenadores/as es conseguir ejecuciones técnicas correctas y una actitud adecuada para el deporte, el equipo y la competición.

Desde la psicología, la corriente que más hincapié ha puesto en el comportamiento, directamente, es el conductismo. Dentro del conductismo, se muestran diversas formas de aprendizaje. La que en este artículo nos ocupa es el aprendizaje por medio de refuerzos, es decir, en base a las consecuencias recibidas por cierta acción realizada (o no realizada). A esto, técnicamente, se le llama condicionamiento operante o instrumental: la modificación de conducta en base a las consecuencias. Significa que, como norma general (recordemos que el ser humano no es tan simple) es más probable que repitamos comportamientos gracias a los cuales conseguimos algo agradable que aquellas conductas que nos son sancionadas y nos repercuten aversivamente.
 

Entre los antecedentes del condicionamiento instrumental, se encuentran los estudios de Thorndike, quien establece como una de las formas más sencillas de modificar el comportamiento es recompensando la acción deseable y que se quiere promover; mientras se castiga aquella conducta que se quiere eliminar. También Skinner y sus estudios acabaron estableciendo los mecanismos de condicionamiento instrumental, que son:

  • El premio (también llamado refuerzo positivo), es un estímulo apetitivo que se consigue y es contingente a la acción.  Éste, aumenta la probabilidad de que se repita la acción.  Por ejemplo, un elogio ante una buena jugada realizada en el campo de básquet.
  • La omisión, por la cual la persona pierde un refuerzo positivo a causa de una conducta. La finalidad es eliminar una conducta no deseable.   Por ejemplo si por no entrenar bien, un jugador/a no es convocado/a para el siguiente partido.  Se pierde un privilegio por no emitir la respuesta deseable.
  • El castigo  (también llamado refuerzo negativo), es, por el contrario al premio, un estímulo aversivo como consecuencia a la acción y tiene por finalidad, eliminar y reducir ciertas conductas.  Por ejemplo, cuando en básquet se nos pita una falta en contra.
  • La evitación o el escape, que se utiliza para potenciar cierta conducta para evitar un estímulo aversivo.  Por ejemplo, apelando al reglamento del baloncesto.  Para  potenciar una conducta deportiva y de respeto al reglamento, a partir de cierta cantidad de faltas, te advierten y de realizar una más, eres expulsado/a del juego.

La cuestión: ¿es eficaz el empleo de estos métodos o puede ser contraproducente?
El empleo de los métodos es eficaz siempre y cuando se tengan en cuenta ciertas consideraciones, en caso contrario, si no se aplica de la manera debida, sobre todo el castigo, puede resultar especialmente contraproducente causando efectos perversos en las personas.
Entonces ¿Qué consideraciones debemos tener en cuenta?

 

A la hora de elegir y aplicar estímulos apetitivos (premio y omisión):

Debemos asegurarnos de que tanto el premio como el "privilegio" a perder son de importancia y algo valorado para el/la jugador/a. Además, deben de ser lo más contingentes (inmediatos) en el tiempo posible; pues todos preferiríamos cobrar en el momento por nuestro trabajo que tener que esperar todo un mes para recibir nuestro sueldo ¿no? (de hecho hay estudios que demuestran que muchas personas prefieren una recompensa inmediata que una recompensa mayor demorada en el tiempo).
 

Lo delicado de la aplicación del premio es que está estrechamente relacionado con la motivación y da mejores resultados si es intermitente que si es siempre contingente, pues sería aburrido y demasiado predecible.  Si se premia siempre, además, se corre el riesgo de que la conducta se de sólo por el refuerzo externo, perdiendo la oportunidad de obtener un refuerzo de motivación interna.

Además, en el caso de que, por lo que sea no se reciba el refuerzo positivo, existe riesgo de frustración  y ansiedad cuando estamos acostumbrados a ello, por lo que, poco a poco, se debe de ir retirando el estímulo para que no haya expectativa de que cada vez el premio sea mayor y llegar a un momento en que el/la jugador/a no se sienta suficientemente recompensado/a.
 

Esto es, por ejemplo, en todos los intentos en los que se da ensayo-error en un determinado gesto técnico del/la jugador/a, premiar tal ejecución cuando sea correcta, e incluso indicar las aproximaciones.  Pero poco a poco a medida que vaya siendo más frecuente el acierto, ir retirando el refuerzo ante esta conducta, para poder dar refuerzo al siguiente objetivo de conducta que podamos tener con tal jugador/a.
 

Podemos premiar con un simple elogio o la clásica palmadita en la espalda.  Como indicaba antes, es importante que para la persona que lo recibe sea un refuerzo, con lo que el/la entrenador/a ha de conocer a sus jugadores/as para poder decidir el refuerzo para cada cual.  Pues, siendo el elogio, uno de los premios más sencillos, a algunos/as les agradará mucho que el elogio sea público, mientras que a otros/as pueden incomodarles y ruborizar.

A nivel de equipo, organizar una fiesta, un encuentro, una excursión o algo que les pueda resultar divertido que resulte en un compartir desde las emociones positivas, resulta muy útil y recomendable (además de favorecer el intercambio y la integración  de los/as miembros del equipo).

 

A la hora de aplicar los estímulos aversivos (castigo y evitación):

En cuanto a los estímulos aversivos, es decir, al empleo del castigo y de aquello a evitar, es aún más importante tener en cuenta los aspectos de su aplicación para que no tenga efectos nocivos para la persona.

En primer lugar, el estímulo ha de ser lo más inmediato posible a la conducta.  Es decir, muchas personas, y sobre todo los jóvenes, no tienen suficiente proyección de futuro como para que se les diga que la próxima temporada no sé qué negativo, no resulta real del todo para ellos, con lo cual, pierde su efecto.  No es recomendable proyectar en el futuro el miedo a una consecuencia negativa, lo que tiene efecto es que tengan la experiencia aversiva en el momento, en todo caso.
 

Es muy importante que el estímulo sea de una proporción similar al comportamiento realizado.  Por ser "benevolentes" a veces educadores/as, padres/madres, entrenadores/as, establecemos una especie de escala en los castigos, empezando por algo no muy punitivo, e incrementándolo a medida que no se obtienen los resultados deseados de extinguir el comportamiento. Pues bien, lo que ocurre es que estamos desarrollando una tolerancia al castigo en la persona, y por lo tanto, pierde su efectividad.  El estímulo ha de ser lo suficientemente duro como para que sirva de escarmiento, y no demasiado fuerte como para que produzca un efecto irreversible.
 

Al contrario que ocurría con el premio. El castigo, debe ser siempre aplicado. Como ya hemos indicado antes, el hecho de que el estímulo no sea seguro,  promueve la repetición de la conducta.  SI queremos eliminar una conducta mediante el castigo, siempre debe ser impuesto.  De hecho, por ejemplo en el básquet como muchas infracciones dependen del arbitraje, muchas infracciones se cometen porque suponen un riesgo de obtener una sanción, pero sólo un riesgo, no es seguro (depende del arbitraje), con lo que se siguen cometiendo ciertas infracciones en el juego.
 

Otro riesgo con el castigo, cuando se abusa del su uso,  es llevar a la persona al punto de no tener nada que perder.  Ese punto en el que la persona no pueda percibir poder ser más castigado y por lo tanto no merece la pena poner energía en hacer un cambio comportamental.  Su recuperación será muy difícil.
 

Como conclusión, comentar que el castigo y la evitación de un estímulo aversivo, suelen producir ansiedad negativa, de ahí que no sea tan recomendable como el empleo de los estímulos apetitivos. Existen alternativas al castigo que según los estudios dan mayor consistencia en los aprendizajes, mediante el empleo de refuerzos que favorezcan la seguridad y motivación internas. De hecho, mi recomendación para eliminar una conducta no deseable, antes de emplear el castigo o la evitación, haría por descubrir que refuerza tal conducta y eliminaría ese refuerzo. No obstante, no olvidemos que las personas no sólo aprendemos por condicionamiento instrumental y los mecanismos que aquí acabamos de explicar, de manera que cuando un/a jugador/a muestra unos comportamientos que queremos eliminar,  lo útil es prestar atención antes de actuar y castigar sin más. Pues ya sabemos que puede que no sea la mejor manera de estingir esa conducta y que existen más herramientas, ya sean dentro del condicionamiento operante o no.
 

Tanto en los entrenamientos, como en los partidos, se puede reforzar a nivel individual como grupal.  Con elogios, o haciendo constar a los padres y madres los aciertos del/la deportista.  A veces, también se puede elaborar una rueda de felicitaciones entre los/as mismo/as compañeros/as en la que todos/as se puedan ver valorados por sus virtudes y apoyados para mejorar en aquello en que aún pueden mejorar.
 

A nivel de equipo también se les pueden dar unos últimos minutos del entreno, como premio si han desarrollado bien la sesión con algún juego deportivo y relacionado con el básquet al final, o aquello que les sea más agradable del deporte.  Una vez más, que el/la se preocupe por conocer los gustos de sus jugadores/as será un gran punto a favor del refuerzo para conseguir mayor éxito en los entrenamientos y en los partidos.  Establecimientos de metas y/o economías de fichas, con base en estos fundamentos, también favorecen la motivación y promueven conductas deseables, en lineas generales y con posibilidad de aplicarlo a nivel individual.